Busca y encontrarás

martes, 8 de febrero de 2011

Disparo certero

Un escalofrío recorrió la espalda de Alberto. Muchas cosas habían pasado en las últimas semanas, quizá tantas que no era capaz de procesarlas bien. Gente que ni siquiera conocía se le había acercado para darle consejos, jurando y perjurando que a pesar del más que probable miedo inicial el premio merecía la pena. Alberto se creía fuerte mentalmente, pero a pesar de todo se dejó engatusar por las palabras bonitas y el anhelo de conseguir algo por lo que fuera recordado. Echando la vista atrás se veía incapaz de discernir el momento exacto en el que aceptó el trabajo, ese trabajo del que ya se empezaba a arrepentir. Cada vez que pestañeaba pedía a Dios que cuando abriera los ojos se encontrara metido en cama y todo hubiera sido fruto de su imaginación, pero el peso del rifle en sus manos y el creciente dolor en su clavícula debido a la culata del arma echaban por tierra esos pensamientos: lo que estaba viviendo era completamente real.

Una gota de sudor bajó lentamente por su frente hasta caer en su ojo izquierdo. Frunció el ceño, pero no hizo ningún ademán de limpiarse esa sensible parte del cuerpo que cada vez le escocía más. Le vinieron a la mente escenas de aquellas películas policíacas de serie B que veía en la soledad de su dormitorio, en las que un nervioso doctor luchaba contra el tiempo para poder extraer con éxito la bala que normalmente se alojaba en el tórax del policía protagonista. En ellas el cirujano tenía a su disposición al menos cinco enfermeras, y una se dedicaba en exclusiva a secar su sudorosa frente. Cada vez que Alberto veía eso se echaba a reír, pensando que no era tan difícil levantar un brazo y secarse a la manga de la camisa como hacía todo el mundo. Ahora no le hacía tanta gracia. Joder, ojalá fuera médico, pensó, claro que los médicos se dedican a salvar vidas y no a quitarlas... Abrió y cerró repetidamente el ojo dañado hasta que el dolor empezó a remitir y se centró en la misión que tenía entre manos.

Giró levemente el cañón del rifle hasta que la mirilla estaba perfectamente alineada con su objetivo. El hecho de que lo que estaba apuntando estuviera quieto le facilitaría mucho las cosas, permitiéndole hacer un trabajo limpio y rápido. Se detuvo a pensar si quizá lo había visto y por eso estaba inmóvil o si acaso el motivo pudiera ser que estuviera esperando por un amigo o, peor aún, su novia. Desechó rápidamente esas ideas. Recordó sus días de entrenamiento: ¡nunca te pongas en el lugar de tu objetivo ni fantasees con lo que pueda estar haciendo, si no no serás capaz de hacer nada! Cerró levemente el ojo, apuntó a lo que creía era una zona vital y apretó el gatillo.

El sonido fue corto, potente y seco, y el retroceso hizo que su maltrecho hombro le recordara que no estaba hecho de acero. Se irguió poco a poco y abrió los ojos para comprobar el estado de su víctima. Lo que vio no podía ser más dantesco: su objetivo estaba tambaleándose de pie, a punto de caer, y a su alrededor había esparcidos trozos de su cuerpo mutilado. Antes de desplomarse por completo, Alberto pudo ver en sus vidriosos ojos la incomprensión de no saber qué había hecho para merecerse ese final. Moriría con esa duda. Por su parte, Alberto se giró en redondo y se alejó del lugar mientras una sonrisa comenzaba a florecer en su boca.

-¡¡Premiooo!! ¡¡Tenemos premio, señores!!-. El dueño de la barraca felicitó a Alberto por haber sido capaz de romper el palillo por la mitad, mientras que sus amigos hacían lo propio acompañando la celebración con algún que otro aullido cual lobos en celo. Albertó eligió un peluche con forma de oso y alargó el brazo para regalárselo a su novia, quien le correspondió con un beso. Había conseguido lo que quería.

Misión cumplida.

3 comentarios:

  1. oh.. si... buff... buenisisimo!!!
    no se como no pude leer este blog antes!!!
    eres genial, vamos!! a por el nobel!!!

    ResponderEliminar
  2. Esto es una verguenza !!!!! Un timo, me has copiado la historia... Este tipo es un farsante...
    besitos :)

    ResponderEliminar
  3. Soy el de antes... Que sepas que tendrás noticias mías...
    besitos :)

    ResponderEliminar