Hay momentos en que estás hasta los cojones de todo. Después de una época en la que todo iba viento en popa, en la que estabas en armonía con el mundo, te das cuenta que las cosas empiezan a cambiar. Al principio son cosas sin importancia en las que apenas reparas, pero poco a poco esas cosas son cada vez más importantes, hasta que llega un momento en el que te das cuenta que hay pocas cosas (a veces ninguna) que te salgan bien. Y lo que es peor, te viene todo a la vez...
Quieres creer que es una simple mala racha, incluso los que te rodean dicen que es eso, y empiezas a pensar que, al igual que cambió a peor, las cosas empezarán a cambiar a mejor de nuevo. Y te autoconveces de ello. Cada día te preguntas al levantarte si hoy habrá alguna buena noticia. Hasta que te da por pensar y te das cuenta de que llevas viviendo esa simple mala racha días, semanas, meses, años... Te ves inmerso en una espiral en la que no puedes volver atrás, solamente puedes avanzar, y por mucho que avances no ves la salida. Solamente ves un futuro incierto en el que no encuetras ninguna solución.
Tus allegados siguen diciendo que al final saldrás, pero tú cada vez estás menos seguro...
Es entonces cuando echas la vista atrás para encontrar el detonante de esa mala época, y mientras lo estás buscando te asaltan recuerdos de cuando todo iba bien.
Recuerdas lo bien que te lo pasabas con tus amigos, las risas que compartías con tus padres, los besos que dabas a tu novia, las noches de marcha inacabables... Te permites recrearte con esos detalles, con esas pequeñas cosas (un beso, un reencuentro inesperado, una caña con los colegas...) que hacían de un día cualquiera un día muy especial, imposible de olvidar. Sonríes al pensar en la risa que le entraba a tu novia cuando le dabas un beso en el cuello. Te ríes al rememorar aquella cena en la que estuvisteis hasta las tantas de risas. Suspiras cuando recuerdas ese día de verano en el que estuviste en la playa hasta que empezó a anochecer.
Y estás ensimismado en esos recuerdos, pensando en aquella época donde no tenías ni un solo día de bajón, cuando poco a poco vas volviendo a la realidad y te das cuenta de que la situación hoy en día es muy diferente. La sonrisa que lucía tu cara se va apagando a medida que una lágrima rueda por tu mejilla y entierra esos buenos recuerdos, dejando en primer lugar todas esas cosas que te atormentan. Y en ese momento, más que nunca, estás convencido de que no vas a salir de esa mala racha, que esa espiral no tiene salida...
La vida de una persona se compone de momentos. Unos son buenos y otros malos. Lo mejor sería que en la vida sólo hubiera momentos buenos, pero como los momentos malos son inevitables (incluso en algunos momentos necesarios), lo ideal sería que en la vida los momentos buenos y malos estuvieran equilibrados tanto en cantidad como en distribución. No sirve de nada tener una racha de momentos muy buenos si todos los momentos malos se van acumulando y al final los tienes que vivir todos a la vez.
Además de no ser deseable, es peligroso. Porque si los momentos buenos y malos están intercalados, un momento bueno puede compensar el momento malo que le precede. Pero si estás viviendo una racha de tu vida en la que solo tienes momentos malos... Ay, amigo, entonces tienes un problema, un problema en el que tú no puedes hacer nada más que esperar a que se solucione por sí mismo.
Echo mucho de menos esos momentos buenos que no van a volver.
Cualquier tiempo pasado fue mejor...
Busca y encontrarás
jueves, 18 de febrero de 2010
viernes, 12 de febrero de 2010
Nimiedades
Una mariposa bate las alas en Pekín y en Nueva York llueve en lugar de hacer sol. Esta gran frase la dijo Ian Malcolm en Parque Jurásico, y desde el primer momento en que la escuché despertó en mí una gran curiosidad. La frase no es una más de las que resumen el efecto mariposa (de ahí el nombre), que básicamente dice que en un mundo regido por el caos cualquier cambio, por pequeño que sea, puede hacer variar el devenir de la historia (si quieres más información la Wikipedia es tu amiga).
Seguro que lees esto y te quedas como estás, seguro que piensas que esto del efecto mariposa no se puede aplicar al mundo real o, al menos, a tu propio mundo. Eso creía yo hasta que empecé a enfocarlo de un modo más práctico:
Imagina que tus amigos te dicen de ir de marcha por la noche, pero tú no estás por la labor y te quedas en casa viendo una peli. Al día siguiente llamas a uno de estos amigos a una hora prudente (a partir de las 6 de la tarde, que hay que dejarlos dormir) y les preguntas qué tal se lo pasaron la noche anterior. Si tuvieron suerte, es probable que recibas una respuesta del estilo "¡¡Buah tío!! ¡¡Ayer de lujo!! Fuimos a unos pub y conocimos a unas tías de puta madre, que están viviendo juntas y acabamos la noche en su piso de risas. ¡¡Tenías que haber venido!!", ante la cual tu pensamiento será "Joder, para una noche que no salgo y me pierdo lo mejor...". Pues sí y no. Es cierto que te perdiste una noche de puta madre, pero ¿quién te garantiza que si tú hubieras salido hubiera pasado lo mismo? ¿Acaso no es probable que si salieras te aburrieras como una ostra y estuvieras toda la noche deseando haberte quedado en casa?
Porque claro, si tú hubieras salido con ellos quizá no hubiérais ido a los mismos sitios ni a las mismas horas, y es muy posible que no hubiérais conocido a esas tías de puta madre y la noche hubiera sido como otra cualquiera.
Este es un ejemplo muy práctico del efecto mariposa. Está claro que es sólo una teoría, porque es imposible de comprobar empíricamente (a menos que tengas una máquina del tiempo y vivas las dos situaciones no sabes qué es lo que te convendría: salir o quedarte en casa), pero lo cierto es que es un método válido para no arrepentirte por hacer (o no hacer) ciertas cosas. Siempre que escuches a alguien diciéndote tenías que haber venido piensa lo siguiente: quizá si hubieras ido, no hubiera pasado...
Seguro que lees esto y te quedas como estás, seguro que piensas que esto del efecto mariposa no se puede aplicar al mundo real o, al menos, a tu propio mundo. Eso creía yo hasta que empecé a enfocarlo de un modo más práctico:
Imagina que tus amigos te dicen de ir de marcha por la noche, pero tú no estás por la labor y te quedas en casa viendo una peli. Al día siguiente llamas a uno de estos amigos a una hora prudente (a partir de las 6 de la tarde, que hay que dejarlos dormir) y les preguntas qué tal se lo pasaron la noche anterior. Si tuvieron suerte, es probable que recibas una respuesta del estilo "¡¡Buah tío!! ¡¡Ayer de lujo!! Fuimos a unos pub y conocimos a unas tías de puta madre, que están viviendo juntas y acabamos la noche en su piso de risas. ¡¡Tenías que haber venido!!", ante la cual tu pensamiento será "Joder, para una noche que no salgo y me pierdo lo mejor...". Pues sí y no. Es cierto que te perdiste una noche de puta madre, pero ¿quién te garantiza que si tú hubieras salido hubiera pasado lo mismo? ¿Acaso no es probable que si salieras te aburrieras como una ostra y estuvieras toda la noche deseando haberte quedado en casa?
Porque claro, si tú hubieras salido con ellos quizá no hubiérais ido a los mismos sitios ni a las mismas horas, y es muy posible que no hubiérais conocido a esas tías de puta madre y la noche hubiera sido como otra cualquiera.
Este es un ejemplo muy práctico del efecto mariposa. Está claro que es sólo una teoría, porque es imposible de comprobar empíricamente (a menos que tengas una máquina del tiempo y vivas las dos situaciones no sabes qué es lo que te convendría: salir o quedarte en casa), pero lo cierto es que es un método válido para no arrepentirte por hacer (o no hacer) ciertas cosas. Siempre que escuches a alguien diciéndote tenías que haber venido piensa lo siguiente: quizá si hubieras ido, no hubiera pasado...
Comienza el espectáculo
Un blog más que se une a tantos y tantos millones ya existentes. Quién sabe, quizá este se de a conocer y consiga una horda de fieles seguidores que esperen como agua de mayo las actualizaciones; aunque lo más probable es que nadie (exceptuándome a mí, claro está) lea jamás estas palabras. En todo caso, esto servirá perfectamente como una válvula de escape para exponer todos aquellos temas que por una u otra razón no paran de rondar mi cabeza, y que expresados en voz alta harían que los que estuvieran a mi alrededor me miraran como quien mira a un perturbado mental.
Abróchense los cinturones y prepárense para comenzar este viaje por la mente enferma de un hijo de la ciudad del Cabe.
Comienza el espectáculo.
Abróchense los cinturones y prepárense para comenzar este viaje por la mente enferma de un hijo de la ciudad del Cabe.
Comienza el espectáculo.
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