Una mariposa bate las alas en Pekín y en Nueva York llueve en lugar de hacer sol. Esta gran frase la dijo Ian Malcolm en Parque Jurásico, y desde el primer momento en que la escuché despertó en mí una gran curiosidad. La frase no es una más de las que resumen el efecto mariposa (de ahí el nombre), que básicamente dice que en un mundo regido por el caos cualquier cambio, por pequeño que sea, puede hacer variar el devenir de la historia (si quieres más información la Wikipedia es tu amiga).
Seguro que lees esto y te quedas como estás, seguro que piensas que esto del efecto mariposa no se puede aplicar al mundo real o, al menos, a tu propio mundo. Eso creía yo hasta que empecé a enfocarlo de un modo más práctico:
Imagina que tus amigos te dicen de ir de marcha por la noche, pero tú no estás por la labor y te quedas en casa viendo una peli. Al día siguiente llamas a uno de estos amigos a una hora prudente (a partir de las 6 de la tarde, que hay que dejarlos dormir) y les preguntas qué tal se lo pasaron la noche anterior. Si tuvieron suerte, es probable que recibas una respuesta del estilo "¡¡Buah tío!! ¡¡Ayer de lujo!! Fuimos a unos pub y conocimos a unas tías de puta madre, que están viviendo juntas y acabamos la noche en su piso de risas. ¡¡Tenías que haber venido!!", ante la cual tu pensamiento será "Joder, para una noche que no salgo y me pierdo lo mejor...". Pues sí y no. Es cierto que te perdiste una noche de puta madre, pero ¿quién te garantiza que si tú hubieras salido hubiera pasado lo mismo? ¿Acaso no es probable que si salieras te aburrieras como una ostra y estuvieras toda la noche deseando haberte quedado en casa?
Porque claro, si tú hubieras salido con ellos quizá no hubiérais ido a los mismos sitios ni a las mismas horas, y es muy posible que no hubiérais conocido a esas tías de puta madre y la noche hubiera sido como otra cualquiera.
Este es un ejemplo muy práctico del efecto mariposa. Está claro que es sólo una teoría, porque es imposible de comprobar empíricamente (a menos que tengas una máquina del tiempo y vivas las dos situaciones no sabes qué es lo que te convendría: salir o quedarte en casa), pero lo cierto es que es un método válido para no arrepentirte por hacer (o no hacer) ciertas cosas. Siempre que escuches a alguien diciéndote tenías que haber venido piensa lo siguiente: quizá si hubieras ido, no hubiera pasado...
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